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In Memoriam: Henry Mauricio Martínez Gómez

In Memoriam: Henry Mauricio Martínez Gómez

Henry Mauricio Martínez Gómez
1991-2018

Un chico con un liderazgo extraordinario que fue asesinado por hacer su trabajo.

Conocí a Henry hace ya un poco más de tres años en mi curso de sismología en la Universidad de los Andes, era un estudiante juicioso, siempre sonriente e interesado por aprender más, mucho más. Sus compañeros y compañeras de curso lo apreciaban mucho.

Cuando terminamos el curso en diciembre se me acercó con Juliana Ayala y me preguntaron si los podía acompañar en el concurso del Barril Imperial, el cual convoca a estudiantes de Geociencias y es organizado por la American Association of Petroleum Geologists (AAPG). Con gusto les dije que sí, con una condición, que fueran a mi oficina. Ellos aceptaron y en enero del siguiente año comenzamos la preparación; les enseñé lo que sabía y… en pocas horas estaban volando, el caso de estudio era un prospecto en el mar del Norte. Se repartieron los temas, Henry escogió la evaluación regional de la cuenca y la geoquímica. Hizo un excelente trabajo, al igual que sus compañeros. Los acompañé a Trinidad, donde quedaron en el segundo lugar entre los participantes de Latinoamérica.

Henry, como siempre, sonreía. Hizo muchos amigos entre los concursantes de otras universidades. Yo regresé temprano, pero él se quedó; después me contaría del paseo que hicieron, del ferry que los dejó por andar de rumba hasta tarde y del vuelo de regreso que perdieron. Henry seguía sonriendo. Él era solo alegría, veía el lado bueno y divertido de todo.

Cuando regresó de Trinidad, vino a mi oficina y me pidió que lo acompañara en una nueva aventura: participar en el concurso Challenge Bowl de la Society of Exploration Geophysicists (SEG) de ese año, el 2015. Otra vez le dije que sí. Esta vez el concurso era solo en parejas, así que se alió con un compañero del curso inferior y pasaron la primera selección a nivel de Colombia. Infortunadamente, su compañero tenía un compromiso en Alemania y tuvo que marcharse, pero Henry no se amilanó, sonriente vino a mi oficina con Luis Pizano, con quien finalmente participó. Se ganaron la segunda eliminatoria a nivel latinoamericano y los acompañé a la final en Nueva Orleans, en octubre del 2015, donde ocuparon el tercer lugar a nivel mundial. Perdieron en franca lid con estudiantes de doctorado, cuando ellos todavía no habían terminado su pregrado.

La siguiente vez que vi a Henry fue cuando me pidió que lo acompañara en la fundación del capítulo estudiantil de la AAPG. Nunca le faltaba ánimo para colaborar, dar lo mejor de sí para los demás. Siempre sonriendo y dispuesto a medírsele a lo que fuera.

En el 2016 me pidió que lo asesorara en su tesis de grado en Geociencias. Le propuse un tema que era un verdadero desafío, pero no se arrugó, trabajó todo el año en los laboratorios de la compañía GMAS, hizo mucho más de lo necesario para una tesis de pregrado y se graduó a finales de 2016. En el 2017 se ganó el segundo puesto del premio “Michel Hermelin”, geólogo y profesor de la Universidad Nacional y la EAFIT, a la mejor tesis de pregrado en Geología o Geociencias, y comenzó a trabajar en GMAS organizando el laboratorio de petrofísica para lo cual hizo todas las calibraciones y escribió un manual de laboratorio. Un día poco después me dijo que quería volar… su plan era ser un científico planetario, un astronauta. Yo lo animé, le dije que no perdiera tiempo y se dedicara a obtener una beca para cumplir su sueño. Él se dedicó a su sueño y yo escribí una carta para la Universidad de Stanford en California. Tenía todas las posibilidades de ingresar: estudió para el TOEFL y para el GRE y aunque no alcanzó a pasar, siguió sonriendo.

En enero del 2018 vino a la oficina a despedirse, pues había aceptado un puesto con una compañía minera en Antioquia. No pasó mucho tiempo antes de que volviera a visitarme, me contó de su trabajo y de lo mucho que estaba aprendiendo. Cada mes venía a visitarme, a contarme lo que estaba aprendiendo y un día me dijo que definitivamente iba a devolver un apartamento que tenía alquilado en Medellín e iba a regresar a Bogotá a casa de sus padres. Un mes más tarde me preguntó si podía volver al laboratorio, le quedaban varios días libres cada mes y quería estar ocupado. Me dijo que un compañero suyo estaba buscando un tema para su trabajo de grado y le propuse la evaluación de unos núcleos que él me había conseguido hacía un par de años. Le encantó la idea, montó un puesto de observación en el laboratorio, compró una lupa, una punta para rayar minerales, una escala de dureza y preparó al chico para hacer una descripción de cada núcleo según lo que había aprendido. Hizo una plataforma para desplegar los núcleos, instaló luz y listo. Ese viernes me dijo, “el lunes empezamos con la descripción de núcleos”, así que hizo una macro en Excel para registrar todos los datos y desplegar la información adquirida en forma de gráficos.

El lunes siguiente Henry me dio la triste noticia de que el chico de la tesis estaba incapacitado por un mes: se había accidentado en su bicicleta, camino de su casa el vienes en la tarde. Sin embargo me dijo que había aplazado su regreso a campo en Yarumal y que tenía una semana o más para seguir en el laboratorio. El viernes siguiente había un seminario organizado por la AAPG en el Laboratorio de GMAS para líderes geocientíficos de Latinoamérica y como era yo quien prestaba el auditorio le dije a Henry que asistiera, que yo arreglaba con los organizadores para que lo dejaran entrar. Henry me insistió que tenía que trabajar y me costó trabajo convencerlo de que no “tenía que trabajar” y de que asistiera al evento. Bueno, sin proponérmelo, Henry resultó asistiendo a todas las sesiones que pudo. Salió a bailar todas las noches y el lunes me confesó: “Profesor, no he dormido casi”. Como solía suceder, su amabilidad y su cariño por todos se habían ganado los corazones de los chicos y, sobre todo, de las chicas que asistieron al seminario. El martes se despidió, iba de regreso para Yarumal, Antioquia. El jueves en la madrugada se encontró con su destino, cruel, despiadado, insolente y definitivamente inesperado. Lo asesinaron cobardemente.

Creo que en todos los grupos, asociaciones y demás agrupaciones en las que Henry Martínez se involucró, participó o simplemente opinó, sembró una semilla que seguramente dejará muchos frutos y recuerdos.

Su inquietud permanente, sus ganas de saber cada día más, de no “tragar entero”, pero ante todo de gozarse la vida, una vida tristemente corta, dejarán su impronta. Aún tenía mucho por hacer, descubrir, explorar, por VIVIR.

Todavía lo lloro. Mi corazón estará triste hasta la muerte…

José María Jaramillo

GMAS

Tomado de: Rev. Acad. Colomb. Cienc. Ex. Fis. Nat. 42(165):456-460, octubre-diciembre de 2018 

Foto: Carlos Armando Rosero

 

 


 684,    05  Mar  2019 ,   Noticias

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